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Queremos primero afirmar que la Vocación a la vida clarisa capuchina es una llamada específica a: vivir desde Dios, a  seguir a Jesucristo pobre, humilde y crucificado,  a ser felíz  y a entregar esa felicidad a los que nos rodean, según el estilo de santa Clara de Asís.

Desarrollemos ahora éstas palabras clave:

Vivir: descubrirnos amadas, pensadas y deseadas por Dios para formar parte de éste mundo que él creó y en que confirmó que “todo era muy bueno”; vivir es también sentirse responsable de conservar la belleza y bondad que Dios depositó en su creación, especialmente en el ser humano; vivir es experimentar el amor gratuito de Dios que nos acompaña y conduce nuestro caminar; vivir es encontrarnos con Dios que se ha encarnado, con Jesucristo, que nos ha mirado con amor, a orillas del río de nuestra vida y nos ha invitado a seguirlo.

Seguir: es sentirnos, como santa Clara, amadas en esa mirada que Jesús nos ha dirigido, descubrirnos fascinadas por su persona y su doctrina y percibir en lo íntimo del corazón el ardiente deseo de entregarle nuestra vida. Seguir a Jesucristo es abandonar la vida entera en sus manos, con plena confianza en su amor y en su cercanía.

Ser felíz: acoger  con gratitud, como lo hizo Clara, el amor incondicional de Dios y experimentar que seguir a Jesucristo colma las inquietudes más profundas del corazón humano, aún en medio de tribulaciones y fuertes obstáculos.

Entregar: Hacer partícipes a los demás de la alegría de saberse amadas, ofreciéndoles el amor que Dios ha depositado en nosotras. Extendiendo los brazos para acoger a los que de Dios y de amor necesitan.

La Vocación a la Vida Clarisa Capuchina es vivir, seguir, ser feliz y entregar a Dios,  al estilo de Clara de Asís: con amor ardiente, con espíritu libre, con henchida confianza en su cuidado y providencia, con el corazón gozoso y los brazos abiertos.

Seguir a Jesucristo al estilo de Clara de Asís es vivir en un perenne y profundo encuentro, desde la soledad e intimidad de la oración, con el corazón y las manos desnudas por el seguimiento de Jesús pobre; con gozo interior intenso, manifestado en la convivencia fraterna.

 

 

 

 

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