La vocación
La pastoral vocacional
Retiros vocacionales
 
La Vocación
 
  • La palabra VOCACIÓN proviene del Latín; Vocare, que significa LLAMADO.
  • Pensar y sentir una vocación es signo de que ALGUIEN me llama, el individuo que es llamado, ha de detenerse, hacer silencio para poder escuchar con claridad y poder identificar la voz  entre  muchas voces. Si es llamada vocacional evidentemente es la voz de Dios. Así lo creemos iluminados por la fe y por toda la gama de experiencia de la Iglesia.
  • Usar la palabra vocación en otros niveles, otros contextos, no tiene sentido.

CLARIFIQUEMOS ALGUNOS PUNTOS:

a) PRIMER LLAMADO:    Dios nos llama del no-ser a la existencia, hasta ahora nadie puede darse la vida por si solo. Mi yo lo experimento como un Don gratuito de Dios (Gn 1. 28).

b) SEGUNDO Y SUBLIME LLAMADO:   Dios no crea sin sentido, triste sería que nuestra existencia se limitara a vivir, crecer, comer, dormir, reproducirnos y morir.      Nuestra vida es un proyecto sublime de Dios, somos colaboradores de un Dios Creador, llamados a la trascendencia. 

c) DIOS NOS INVITA A VIVIR EN PLENITUD EN SU IGLESIA.  La primera iniciativa es de Dios. La segunda iniciativa es para el hombre; ¿Cómo, dónde y para qué?  Si buscamos deseando encontrar, tendremos tres modos CONCRETOS de vocación en la Iglesia, en los que Dios nos comunicará su divinidad y nosotros desde nuestra respuesta, la comunicaremos a los otros de forma trascendente:
* CONSAGRADOS (Religisos/as, sacerdotes)
* CASADOS           (Matrimonio, creando desde el amor)
* SOLTEROS (Libres para el reino de Dios, no para escapar de responsabilidades)

Implicaciones o exigencias de la vocación:
La palabra clave es asumir; es cierto Dios es el que llama, pero es nuestra responsabilidad buscar y tratar de encontrar en qué estado de vida debo responder, porque todo pez fuera del agua pronto se muere.

INVITACIÓN:  Si ya estás en búsqueda, con interrogantes e inquietudes, ánimo porque es señal de que tu vida quiere adquirir un sentido. Déjate iluminar por la experiencia de Francisco preguntando en tu oración a Jesús como lo hacía Él: “SEÑOR, ¿QUÉ QUIERES QUE HAGA?”.  La vocación surge de la in-vocación y todo el que busca encuentra.

Diez signos de vocación
 1.- Ser un creyente:
Hay que tener toda la confianza puesta en Dios. El Dios que no se manifiesta como juez cuyos servidores serían sus gendarmes, ni como un rey que cuenta con ministros. Se trata de creer en el Padre que se nos revela en Jesucristo y que se convierte en el guía de nuestras vidas.

2.- Ser un orante:
El candidato a seguir a Jesús debe mantenerse en comunicación constante con él. Es indispensable que seamos capaces de pasar largos momentos en diálogo con Aquel que ha puesto su mirada en nosotros.

3.- Estar disponible:
Es necesario tener una actitud de apertura para ponerse a trabajar con entusiasmo. ahí donde Dios nos quiere. Disponibilidad para aceptar que el Señor y los demás cambien nuestros planes y nos sugieran sus proyectos.

4.- Ser realista:
Vivir con los pies puestos sobre la tierra para descubrir los retos que lanza la humanidad y asumirlos con responsabilidad. Tomar en cuenta nuestras capacidades, límites y debilidades y, a partir de ellos, empezar a recorrer el camino que tenemos por delante.

5.- Aceptar el riesgo:
Se debe rechazar el quedarse eternamente reflexionando, "hasta estar bien seguros". Debemos, además, situarnos con optimismo de cara al futuro, conscientes de las exigencias que implica darle un sí a Jesús, con la certeza de que Dios no juega con nosotros.

6.- Ser trabajador:
El que quiera seguir a Cristo debe de ver el trabajo como un medio para comprometerse en su vocación. Tiene que se capaz de asumir responsabilidades y cargar con las consecuencias del propio actuar. ¡Damos testimonio con nuestro trabajo de la esperanza que habita en nosotros!

7.- Exigente en la manera de vivir:
El compromiso con el hermano necesitado y abandonado es la manifestación de la grandeza de nuestra vocación. Todo discípulo de Jesús está llamado a dejar huella en los demás a través de lo que hace o dice.

8.- Responsable en la búsqueda:
Nada de superficialidades o respuestas fáciles dadas sin una reflexión seria y profunda. La vocación exige tener inquietudes suficientes, pero también tomarse tiempo para encontrar el lugar que se nos tiene reservado en la construcción del Reino.

9.- Ser maduro:
Para abrazar una vocación que supone la entrega total, se requiere ser personas normales y maduras. Nada de complejos de ser los mejores o los peores de este mundo.
Hay que ser equilibrado para descubrir las virtudes y las carencias de los demás sin pretender que sean como a nosotros nos gustaría que fueran.

10.- Ser alegre:
La alegría expresada en lo cotidiano es la mejor garantía de que se está viviendo la propia vocación. La condición es que esta alegría sea auténtica, jamás ficticia o táctica. Si el llamado que se siente no llena de alegría, es signo de que la búsqueda debe continuar. El consagrado no puede llevar una cara de muerto por el peso del llamado que ha recibido. El está llamado a vivir con un rostro de resucitado que irradia felicidad a su alrededor.

 

 

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